«Sólo en comunión fructifica el carisma» EG 130
¿Qué es la Cuaresma?
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
40 días
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
http://www.aciprensa.com/fiestas/cuaresma/cuaresma.htm
BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 25 de octubre de 2006
Pablo
perfil del hombre y del apóstol
Queridos
hermanos y hermanas:
…
Para Pablo fue decisivo conocer a la comunidad de
quienes se declaraban discípulos de Jesús. Por ellos tuvo noticia de una nueva
fe, un nuevo "camino", como se decía, que no ponía en el centro la
Ley de Dios, sino la persona de Jesús, crucificado y resucitado, a quien se le
atribuía el perdón de los pecados. Como judío celoso, consideraba este mensaje
inaceptable, más aún, escandaloso, y por eso sintió el deber de perseguir a los
discípulos de Cristo incluso fuera de Jerusalén. Precisamente, en el camino
hacia Damasco, a inicios de los años treinta, Saulo, según sus palabras, fue
"alcanzado por Cristo Jesús" (Flp 3, 12).
Mientras san Lucas cuenta el hecho con abundancia
de detalles -la manera en que la luz del Resucitado le alcanzó, cambiando
radicalmente toda su vida-, él en sus cartas va a lo esencial y no habla sólo
de una visión (cf. 1 Co 9, 1), sino también de una iluminación (cf. 2
Co 4, 6) y sobre todo de una revelación y una vocación en el encuentro con
el Resucitado (cf. Ga 1, 15-16). De hecho, se definirá explícitamente
"apóstol por vocación" (cf. Rm 1, 1; 1 Co 1, 1) o
"apóstol por voluntad de Dios" (2 Co 1, 1; Ef 1, 1; Col
1, 1), como para subrayar que su conversión no fue resultado de pensamientos o
reflexiones, sino fruto de una intervención divina, de una gracia divina
imprevisible. A partir de entonces, todo lo que antes tenía valor para él se
convirtió paradójicamente, según sus palabras, en pérdida y basura (cf. Flp
3, 7-10). Y desde aquel momento puso todas sus energías al servicio exclusivo
de Jesucristo y de su Evangelio. Desde entonces su vida fue la de un apóstol
deseoso de "hacerse todo a todos" (1 Co 9, 22) sin reservas.
De aquí
se deriva una lección muy importante para nosotros: lo que cuenta es
poner en el centro de nuestra vida a Jesucristo, de manera que nuestra
identidad se caracterice esencialmente por el encuentro, por la comunión con
Cristo y con su palabra. A su luz, cualquier otro valor se recupera y a la vez
se purifica de posibles escorias…
…Es
evidente que no hubiera podido afrontar situaciones tan difíciles, a veces
desesperadas, si no hubiera tenido una razón de valor absoluto ante la que
ningún límite podía considerarse insuperable. Para san Pablo, como sabemos,
esta razón es Jesucristo, de quien escribe: "El amor de Cristo nos
apremia al pensar que (...) murió por todos, para que ya no vivan para sí los
que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos" (2 Co
5, 14-15), por nosotros, por todos.
…Que el
Señor nos ayude a poner en práctica la exhortación que nos dejó el apóstol en
sus cartas: "Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo"
(1 Co 11, 1).
(Hch 9, 1-19)
Saulo, que todavía respiraba
amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo
Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer
encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara,
hombres o mujeres.
Y mientras iba caminando, al
acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con
su resplandor.
Y cayendo en tierra, oyó una
voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?».
El preguntó: «¿Quién
eres tú Señor?». «Yo soy Jesús, a quien tú
persigues, le respondió la voz.
Ahora
levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer».
Los que lo acompañaban
quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie.
Saulo se levantó del suelo
y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo
llevaron a Damasco.
Allí estuvo tres días sin
ver, y sin comer ni beber.
Vivía entonces en Damasco un
discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: «¡Ananías!». El respondió: «Aquí estoy, Señor».
El Señor le dijo: «Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a
un tal Saulo de Tarso.
El está orando
y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía
las manos para devolverle la vista».
Ananías respondió: «Señor,
oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén.
Y ahora está aquí con plenos poderes de los
jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre».
El Señor le respondió: «Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí
para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel.
Yo le haré ver
cuánto tendrá que padecer por mi Nombre».
Ananías fue a la casa, le
impuso las manos y le dijo: «Saulo, hermano mío, el
Señor Jesús –el mismo que se te apareció en
el camino– me envió a ti para que recobres
la vista y quedes lleno del Espíritu Santo».
En ese momento, cayeron de
sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado.
Después comió algo y recobró
sus fuerzas. Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en
Damasco, y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de
Dios.
¿Qué es Adviento?
Adviento
es un tiempo cuyo nombre (adventus) significa “venida”.
El tiempo de Adviento tiene dos características: es a la vez un tiempo de preparación a las solemnidades de Navidad en que se conmemora la primera Venida de Hijo de Dios entre los hombres, y un tiempo en el cual, mediante esta celebración, la fe se dirige a esperar la segunda Venida de Cristo al fin de los tiempos.
Un tiempo para vivir y celebrar, bajo el signo de “encuentro” entre un Dios que viene al encuentro del hombre, y el hombre en busca de Dios.
Adviento es tiempo de conversión. Y tiempo de espera.
Desde Adviento hasta el Bautismo del Señor
Las Fiestas del Advenimiento
Los domingos de Adviento, las festividades de Navidad y la evocación del bautismo de Jesús, forman un conjunto que podemos llamar la celebración de la Venida del Señor, recordando que la palabra “Adviento” significa justamente “advenimiento, venida”.
Navidad recuerda la Venida del Salvador en la humildad de nuestra carne humana y se desarrolla en múltiples facetas: no sólo la Venida del Niño (noche de Navidad) y el misterio de Verbo hecho carne (Navidad día), sino también, Dios entrando en el tejido de las relaciones familiares (Santa Familia), y Dios resaltando la misión de María (1° de Enero).
La Epifanía, mucho más celebrada en las Iglesias de Oriente, nos revela el alcance universal de la Venida de Dios entre los hombres mientras, que el Bautismo inaugura la misión concreta de Jesús, el Salvador: el Espíritu Santo lo consagra como enviado de Dios, al descender sobre Él en su forma visible.
El tiempo de Adviento tiene dos características: es a la vez un tiempo de preparación a las solemnidades de Navidad en que se conmemora la primera Venida de Hijo de Dios entre los hombres, y un tiempo en el cual, mediante esta celebración, la fe se dirige a esperar la segunda Venida de Cristo al fin de los tiempos.
Un tiempo para vivir y celebrar, bajo el signo de “encuentro” entre un Dios que viene al encuentro del hombre, y el hombre en busca de Dios.
Adviento es tiempo de conversión. Y tiempo de espera.
Desde Adviento hasta el Bautismo del Señor
Las Fiestas del Advenimiento
Los domingos de Adviento, las festividades de Navidad y la evocación del bautismo de Jesús, forman un conjunto que podemos llamar la celebración de la Venida del Señor, recordando que la palabra “Adviento” significa justamente “advenimiento, venida”.
Navidad recuerda la Venida del Salvador en la humildad de nuestra carne humana y se desarrolla en múltiples facetas: no sólo la Venida del Niño (noche de Navidad) y el misterio de Verbo hecho carne (Navidad día), sino también, Dios entrando en el tejido de las relaciones familiares (Santa Familia), y Dios resaltando la misión de María (1° de Enero).
La Epifanía, mucho más celebrada en las Iglesias de Oriente, nos revela el alcance universal de la Venida de Dios entre los hombres mientras, que el Bautismo inaugura la misión concreta de Jesús, el Salvador: el Espíritu Santo lo consagra como enviado de Dios, al descender sobre Él en su forma visible.
Los Cuatro Domingos de Adviento
Cada año, la elección de los evangelios nos hace seguir una progresión en los 4 domingos de Adviento:
• El primer domingo nos orienta hacia la Venida del Señor al final de la historia y el mensaje es el de la vigilancia;
• El
segundo domingo está centrado en la figura de Juan Bautista y el mensaje es el
de la paciencia y de la preparación activa para la Venida del Señor;
• El
tercer domingo, también centrado en el Bautista, nos orienta con más fuerza
hacia la persona de Aquél que viene; el mensaje es el de la alegría por
la venida muy cercana;
• El
cuarto domingo contempla el misterio de la Encarnación de Dios en María; el
mensaje: una preparación profunda del misterio de la Navidad.
2. Adviento no es, pues, una simple preparación de Navidad.
Celebra a la vez la última Venida del Señor que dará todo su sentido a nuestra
historia; pero también celebra al Señor que viene cada día a nosotros con una
presencia muy real, pero que nos da la sed de Él, más fuerte y palpable.
Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.
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